La peripecia de una noche de Reyes. Un paso importante que es lección más importante aún.

Reyes Magos Oriente Carmelitas Descalzos Tenerife

Is 60, 1-6

Ef 3, 2-3a. 5-6

Mt 2, 1-12

En la historia de la noche de los Reyes magos hay un momento impactante: la experiencia de santa Teresita, Carmelita y Doctora de la Iglesia. Esa noche una niña pasaba “de niña a mujer” con alegría. Un paso importante que es lección más importante aún. “Los Reyes” son una buena ocasión para la derrota del consumismo en pequeños y grandes. Cuenta así su historia Teresita un 25 de diciembre (como en muchos lugares esa era la noche de Reyes).

“Fue el 25 de diciembre de 1886 cuando recibí la gracia de salir de la niñez; en una palabra, la gracia de mi total conversión.

Volvíamos de la Misa del Gallo, en la que yo había tenido la dicha de recibir al Dios fuerte y poderoso.

Cuando llegábamos a los Buissonnets [vivienda de Teresita], me encantaba ir a la chimenea a buscar mis zapatos. Esta antigua costumbre nos había proporcionado tantas alegrías durante la infancia, que Celina [su hermana] quería seguir tratándome como a una niña, por ser yo la pequeña de la familia… Papá gozaba al ver mi alborozo y al escuchar mis gritos de júbilo a medida que iba sacando las sorpresas de mis zapatos encantados, y la alegría de mi querido rey [su padre] aumentaba mucho más mi propia felicidad.

Pero Jesús, que quería hacerme ver que ya era hora de que me liberase de los defectos de la niñez, me quitó también sus inocentes alegrías: permitió que papá, que venía cansado de la Misa del Gallo, sintiese fastidio a la vista de mis zapatos en la chimenea y dijese estas palabras que me traspasaron el corazón: «¡Bueno, menos mal que éste es el último año…!» [los 14 años era la frontera en que se “echaban” los Reyes].

Yo estaba subiendo las escaleras, para ir a quitarme el sombrero. Celina, que conocía mi sensibilidad y veía brillar las lágrimas en mis ojos, sintió también ganas de llorar, pues me quería mucho y se hacía cargo de mi pena. «¡No bajes, Teresa! -me dijo-, sufrirías demasiado al mirar así de golpe dentro de los zapatos».

Pero Teresa ya no era la misma, ¡Jesús había cambiado su corazón! Reprimiendo las lágrimas, bajé rápidamente la escalera, y conteniendo los latidos del corazón, cogí los zapatos y, poniéndolos delante de papá, fui sacando alegremente todos los regalos, con el aire feliz de una reina. Papá reía, recobrado ya su buen humor, y Celina creía estar soñando… Felizmente, era una hermosa realidad: ¡Teresita había vuelto a encontrar la fortaleza de ánimo que había perdido a los cuatro años y medio, y la conservaría ya para siempre…!

Aquella noche de luz comenzó el tercer período de mi vida, el más hermoso de todos, el más lleno de gracias del cielo…”.

Para la semana: Navidad (Reyes) tiene una deuda con la verdadera alegría. El consumismo se adueña de nosotros.