EN EL DOMINGO, HAZLO POR DIOS. Vive el encuentro dominical con Dios

Vivir la misa Carmelitas Descalzos Tenerife

“Vamos a Misa el domingo a encontrarnos al Señor resucitado, o mejor, para dejarnos encontrar por Él, escuchar su palabra, alimentarnos en su mesa y así convertirnos en Iglesia, es decir, en su Cuerpo místico viviente en el mundo”(Papa Francisco).

  1. Procura llegar antes de que comience la misa para recibir todos juntos al sacerdote.
  2. Si has llegado tarde y ya está la misa comenzada, procura colocarte en el banco más próximo para no distraer a los demás.
  3. Desconecta tu móvil antes de entrar en el templo. Para hablar con Dios no te hace falta. Si el reloj tiene alarma, apágala. No alarmes al prójimo.
  4. Participa en todos los momentos de la misa con tu comunidad: escuchando, rezando, cantando, adorando y comulgando.
  5. Para encender las velas, o acudir al Cristo, procura hacerlo antes o después de la misa.
  6. Cuando vayas a comulgar, acude por el pasillo central del templo y retírate por los laterales.
  7. Cuando comulgues, en la boca o en la mano, hazlo siempre delante del sacerdote.
  8. Guarda el silencio debido. Hemos venido a hablar con Dios y a escucharle en todo momento.
  9. Antes de marcharte, espera a que el sacerdote se retire del altar. Retírate en silencio.
  10. Vive con gozo la Eucaristía para seguir creciendo en la fe y sentirte miembro activo de tu Comunidad, la Iglesia de Jesucristo.

 

“Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado,
sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido
que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo
de la adorable Trinidad” (Santa Teresa del Niño Jesús).

LAS BIENAVENTURANZAS Fiel a sus primeras palabras

Jer  17, 5-8

1 Cor 15.12.16-20

Lc 6, 17. 20-26

 

Fiel a sus primeras palabras en la sinagoga de Nazaret, Jesús sigue acercándose a quienes quieren oírle y quieren encontrar en él el consuelo y la salud. Son los más necesitados los que primero y con más confianza, a veces escondida y medrosa, se acercan a Jesús. Y Jesús tuvo para ellos las mejores palabras y los mejores signos o milagros. Hoy la liturgia nos transmite un hermoso “sermón” desde un monte (el domingo pasado lo hacía desde una barca). La tradición ha bautizado este monte como Monte de Las Bienaventuranzas.

De nuevo una gran multitud

Jesús va haciendo discípulos. Gran multitud, dice el texto. Junto a ellos, se acercan también muchedumbres. Seguramente unos se acercan para oírle y otros para ser curados. Es una pregunta para todos nosotros. Es  cierto que entonces era Jesús en persona visible la que hablaba y curaba. Hoy necesitamos de una fe, que cree en lo que no ve, y que esto no es tan entusiasta como aquello. Pero algo más podríamos hacer los cristianos de hoy: es la misma palabra de Jesús la que entra por unos oídos como los de aquella multitud. Curación… de tantas fragilidades, más importantes aún que las del cuerpo, que tenemos bastante saneado.

 Las bienaventuranzas

Jesús había leído en la sinagoga de Nazareth: “El Espíritu del Señor me ha enviado para dar la Buena noticia a los pobres”. Y a los pobres se dirige Jesús con predilección. Así comienza la primera Bienaventuranza: “Bienaventurados los pobres…”. San Lucas, cuyo Evangelio hoy proclamamos, no escribió Bienaventurados los pobres de espíritu, sino sencillamente los pobres. El añadido: “de espíritu”, pertenece al Evangelio de san Mateo. No hay contradicción entre la formulación de uno y la de otro. Pero sí es verdad que a lo largo de la historia que llega hasta nuestros días, con frecuencia nos escondemos en la pobreza “espiritual” para no acoger la pobreza “material”. ¿Pertenecemos nosotros a quienes no quieren oír hablar de pobreza “material” y nos refugiamos en la pobreza “espiritual”? Puede ser un buen test para caer en la cuenta de la calidad de nuestro seguimiento de Jesús, que no tuvo “donde reclinar la cabeza”.

Y a la primera bienaventuranza siguen otras parecidas: los que tienen hambre, los que lloran, los que sufren el odio ajeno, los “descartados”… Todos ellos son “pobres”.

Las maldiciones

Lo blanco siempre resalta más junto a lo negro que solo. Sucede lo mismo con las Bienaventuranzas. Se conocen mejor colocadas junto a sus contrarias. Así lo hace el Evangelio de este domingo. Ayes, más duros que lastimeros, acompañan al atento lector del evangelio.: “¡Ay de vosotros…!”. Jesús, que es camino, verdad y vida y que no ha venido a atemorizar a nadie sino a llamar a todos a la verdadera vida, cree oportuno y necesario invitar a alimentarse de Bienaventuranzas y de maldiciones.

Para la semana: Tienes una semana para familiarizarte con esta hermosa página del Evangelio. No la pases de corrida. También ella es “Buena noticia”.