“SED COMPASIVOS” Jesús se dirige a sus discípulos

1 Sam 26, 2.7-9.12

1 Cor 15, 45-49

Lc 6, 27-38

Jesús se dirige a sus discípulos

Jesús unas veces hablaba a las multitudes, a la gente, a los escribas, a los fariseos… Y otras veces se dirigía a los discípulos. Es importante tener en cuenta a quiénes se refería Jesús para no desfigurar su magisterio. No se habla lo mismo a unas personas que a otras. De ello todos tenemos experiencia.

Hoy expresamente el texto dice que se dirige a sus discípulos. Discípulo expresa una relación entre dos o más personas: maestro, que “enseña”, y alumno que “aprende”. Entre discípulo y alumno suele haber una diferencia, a veces importante: el discípulo no sólo escucha al maestro, sino que se identifica con la enseñanza esencial del maestro. El alumno escucha al maestro, pero puede disentir profundamente de él.

Una lección cotidiana

El evangelio de este domingo presenta a Jesús dando a sus discípulos una lección de vida cotidiana, acerca de realidades que se presentan diariamente. Basta con leer detenidamente esta lectura evangélica, caer en la cuenta de lo que describe y el magisterio de Jesús acerca de esas realidades leídas, encarnarlas en la propia vida y tendremos una visión bastante completa de lo que suele sucedernos o puede sucedernos con frecuencia y de la actitud a mantener como discípulos de Jesús.

Discernir palabras y actitudes “confusas”

Hemos de confesar que no resulta fácil acertar siempre con el sentido de algunas  palabras y gestos de Jesús y su aplicación en la compleja vida real. La liturgia de este domingo nos invita a reconocerlo. A veces nos quedamos un poco perplejos sin saber si acertamos o no.

Es bueno tomar conciencia de que podemos equivocarnos cuando opinamos, disentimos, aconsejamos, proponemos, actuamos, etc. Esto es importante. Esta conciencia, con frecuencia dolorosa, nos libera de muchas ligerezas, terquedades, orgullos, equivocaciones, etc. Nos equivocamos muchas veces. Todos.

Siempre el amor

Son las primeras palabras que alumbran todo el evangelio de hoy. El amor ilumina la oscuridad de nuestra deficiencia. Pero hasta el amor está sujeto a las deficiencias humanas y con frecuencia, creyendo honradamente que se procede con amor, en realidad procedemos movidos por otros sentimientos menos nobles y escondidos.

“Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo”

De equivocarse en algo (y nos equivocamos en mucho), la compasión debe prevalecer. La compasión es esencial en el actuar de Dios y no hay mejor referencia. Hasta el rey David (primera lectura) fue compasivo con quien le perseguía a muerte. Y acertó.

Para la semana: Lee y relee el evangelio que hoy hemos proclamado.

LAS BIENAVENTURANZAS Fiel a sus primeras palabras

Jer  17, 5-8

1 Cor 15.12.16-20

Lc 6, 17. 20-26

 

Fiel a sus primeras palabras en la sinagoga de Nazaret, Jesús sigue acercándose a quienes quieren oírle y quieren encontrar en él el consuelo y la salud. Son los más necesitados los que primero y con más confianza, a veces escondida y medrosa, se acercan a Jesús. Y Jesús tuvo para ellos las mejores palabras y los mejores signos o milagros. Hoy la liturgia nos transmite un hermoso “sermón” desde un monte (el domingo pasado lo hacía desde una barca). La tradición ha bautizado este monte como Monte de Las Bienaventuranzas.

De nuevo una gran multitud

Jesús va haciendo discípulos. Gran multitud, dice el texto. Junto a ellos, se acercan también muchedumbres. Seguramente unos se acercan para oírle y otros para ser curados. Es una pregunta para todos nosotros. Es  cierto que entonces era Jesús en persona visible la que hablaba y curaba. Hoy necesitamos de una fe, que cree en lo que no ve, y que esto no es tan entusiasta como aquello. Pero algo más podríamos hacer los cristianos de hoy: es la misma palabra de Jesús la que entra por unos oídos como los de aquella multitud. Curación… de tantas fragilidades, más importantes aún que las del cuerpo, que tenemos bastante saneado.

 Las bienaventuranzas

Jesús había leído en la sinagoga de Nazareth: “El Espíritu del Señor me ha enviado para dar la Buena noticia a los pobres”. Y a los pobres se dirige Jesús con predilección. Así comienza la primera Bienaventuranza: “Bienaventurados los pobres…”. San Lucas, cuyo Evangelio hoy proclamamos, no escribió Bienaventurados los pobres de espíritu, sino sencillamente los pobres. El añadido: “de espíritu”, pertenece al Evangelio de san Mateo. No hay contradicción entre la formulación de uno y la de otro. Pero sí es verdad que a lo largo de la historia que llega hasta nuestros días, con frecuencia nos escondemos en la pobreza “espiritual” para no acoger la pobreza “material”. ¿Pertenecemos nosotros a quienes no quieren oír hablar de pobreza “material” y nos refugiamos en la pobreza “espiritual”? Puede ser un buen test para caer en la cuenta de la calidad de nuestro seguimiento de Jesús, que no tuvo “donde reclinar la cabeza”.

Y a la primera bienaventuranza siguen otras parecidas: los que tienen hambre, los que lloran, los que sufren el odio ajeno, los “descartados”… Todos ellos son “pobres”.

Las maldiciones

Lo blanco siempre resalta más junto a lo negro que solo. Sucede lo mismo con las Bienaventuranzas. Se conocen mejor colocadas junto a sus contrarias. Así lo hace el Evangelio de este domingo. Ayes, más duros que lastimeros, acompañan al atento lector del evangelio.: “¡Ay de vosotros…!”. Jesús, que es camino, verdad y vida y que no ha venido a atemorizar a nadie sino a llamar a todos a la verdadera vida, cree oportuno y necesario invitar a alimentarse de Bienaventuranzas y de maldiciones.

Para la semana: Tienes una semana para familiarizarte con esta hermosa página del Evangelio. No la pases de corrida. También ella es “Buena noticia”.