“ALÉGRATE, PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CERCA” Tercer domingo de adviento

 

Hagamos cuna para recibir a Jesús dibujo Fano

Sof 3, 14-18

Flp 4, 4-7

Lc 3, 10-18

El tercer domingo de Adviento trae ya a la comunidad cristiana un mensaje de alegría y gozo. En diversos momentos de la celebración litúrgica suenan las palabras alegría, gozo. Ya en la primera lectura escuchamos las palabras: “Hija de Sión, alégrate” (la Hija de Sión es Jerusalén a la que vuelven los desterrados en Babilonia). La segunda lectura, tomada de san Pablo, es una conocida invitación a estar alegres: “estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”. En el evangelio, el evangelista Lucas nos presenta a Juan el Bautista. Parecería que viene a aguarnos la alegría. Pero no es así. Juan el Bautista ya “saltó de gozo” en el seno de su madre Isabel cuando María, en sus primeros días del embarazo, la visitó. No le fue fácil percibir al Mesías en la piel de Jesús. A veces se preguntaba quién era en realidad su primo Jesús. Y buscando encontró. Jesús venía detrás de él, pero era más que él, “no era digno ni siquiera de desatarle los zapatos” (¡Grande Juan el Bautista!).

“El Señor está cerca”

Tenemos razón para estar alegres toda la vida. Las profecías nos presentan a Jesús con el nombre de “Enmanuel”, que significa” Dios con nosotros. No estamos solos. Jesús está siempre con nosotros. Adviento y Navidad nos lo recuerdan (por si se nos olvida). Recibir a un amigo es siempre agradable. Incluso cuando se hace en momentos difíciles, y tristes, el abrazo de saludo es siempre “caluroso”

Los niños

La mejor preparación para la Navidad es la presencia de los niños. Y la mejor compañía durante la Navidad siguen siendo los niños. Quienes más disfrutan y mejor perciben la alegría ante el belén son los niños. La repetición de los años no les molesta ni los impide gozar con unos “ojazos” de contemplativos que llaman la atención. Los niños no se dejan llevar por nacimientos grandiosos. Les bastan las pajas en un pobre portal. Y los niños contagian. Y hasta tiran de los mayores, que nos hacemos remolones incluso en Navidad.

Los adultos

Los adultos gozamos de la Navidad menos que los niños.  El belén, y cuanto lo rodea, nos llama menos la atención. Preferimos otros lugares y otras actividades. ¿Por qué? Seguramente porque no nos hemos hecho como niños Y ya dice el evangelio: “Si no os hiciereis como niños…”.

Para la semana: La inocencia y alegría de los niños nos interpela. Aprendamos de ellos.