MARÍA DE CANÁ DE GALILEA María y Jesús en dos momentos de la vida

Is 62, 1-5

1 Cor 12,4-11

Jn 2, 1-12

En la vida de Jesús no hay persona humana más cercana a Jesús y atrevida con él como María. María no en vano era su madre. El Evangelio señala no pocos momentos puntuales. Uno de esos momentos tuvo lugar en Caná de Galilea, en la celebración de una boda, donde Jesús hizo el primero de sus milagros (Jn 2,11).

Y María ya estaba allí

Una boda en Caná de Galilea

Seguramente se trataba de una boda cercana a Jesús y a María. Dice el Evangelio que “María ya estaba allí”  (Jn 2,1). La estancia de María era la presencia de quien ha ido unos días antes de la boda para ayudar a la familia, echar una mano, bregar con todo lo que lleva consigo una boda. Así pudo darse cuenta de cómo andaban las cosas y conocer de primera mano las circunstancias de la misma. Es una presencia a tener en cuenta en la vida real de María. En este ambiente se perciben mejor los gestos que María tiene en la vida real, sobre todo con los necesitados, y la confianza en su Hijo.

Las refriegas entre María y Jesús

Jesús y María tuvieron sus refriegas, seguramente como toda madre con sus hijos y los hijos con sus padres (sobre todo con su madre). Una de estas refriegas tuvo lugar precisamente en la boda celebrada en Caná. Pero conviene recordar antes otra refriega que tuvieron cuando Jesús era adolescente y María aún muy joven, pero ya casada con José.

La refriega (la conocemos todos) tuvo lugar cuando Jesús se quedó en Jerusalén en una celebración de la Pascua sin que lo conocieron sus padres. Al no verle de vuelta a casa, ni encontrarle en la caravana de la que habían formado parte, María y José se llevaron un buen sofoco, estaban “angustiados”, dice el evangelio. Y María “le pidió cuentas” de su comportamiento y Jesús se las dio: “Tenía que estar en las cosas de su Padre”. Pero ni María ni José entendieron lo que el “chiquillo” les decía. No obstante, la sangre no llegó al río: Jesús bajó a Nazareth y seguía tan bueno como siempre: “les estaba sujeto”. Era obediente.

Lo de Caná fue parecido

En la boda de Caná la cosa fue parecida. María se había dado cuenta de que faltaba vino. ¡Qué horror! ¡Pobre pareja! Y ni corta ni perezosa se acercó a Jesús, su hijo, y muy quedito le dijo: “No tienen vino” (Jn 23). Y Jesús, con una respuesta tan enigmática como había sido la anterior, le responde: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. No parece que María entendiese de nuevo a Jesús. No obstante, siguió adelante como quien domina la situación: “Dice su madre a los sirvientes: ‘Haced lo que él os diga’” (Jn 2, 5). ¡Y apareció el vino! ¡Y qué vino: “el mejor”! (Jn 2,10).

Para la semana: María tenía y tiene en Jesús una mina. Aprovechémosla.