PASCUA, TIEMPO DE ECHAR LAS REDES Este domingo la liturgia

Hch 5, 27b-32.40b-41

Apoc 5, 11-14

Jn 21, 1-19

Este domingo la liturgia nos presenta el último capítulo del evangelio de san Juan. Habla del sentido misionero de aquellos que han creído en la resurrección de Jesús. El estilo de esa narración hace sospechar que estamos ante una narración simbólica, más que histórica. El cuadro histórico sirve de terreno abonado para hablar de algo más profundo que lo que dicen las palabras tomadas al pie de la letra. El resucitado no se ha ido de entre los que creen en él y desean extender y actualizar su Reino.

Apóstoles y laicos (seglares)

Jesús se hace presente a un grupo plural de seguidores. Es un grupo pequeño. Solo siete. Ahí están apóstoles conocidos que le quieren y que han pasado incluso por negar su resurrección (Tomás). Está Nicodemo (el que andaba intrigado pensando quién sería aquel “tipo”, le buscó de noche y dialogó con él. Hay dos hermanos muy conocidos (hijos de Zebedeo), que no dan la cara… Grupo curioso. Grupo en el que podemos introducirnos nosotros, pobres pecadores, que le hemos negado, dudamos, nos olvidamos de él, etc. Es signo de la universalidad (número siete) del mensaje de Jesús y de la preocupación de sus seguidores. Todos estamos llamados a dar testimonio del Resucitado.

Pescadores que no pescan

La mayor parte de ese pequeño grupo eran pescadores. Y estaban en el mar, en la faena que les era conocida. Jesús resucitado, se acerca a ellos con disimulo y entabla con ellos un diálogo sobre la pesca. Es lógico que les pregunte si han pescado mucho. Pero, una vez más, Pedro da la cara con su sinceridad sin pulir: no hemos pescado nada. Y es que allí faltaba alguien: con Jesús resucitado ausente, es inútil echar las redes en busca de seguidores. De noche y sin Jesús, Pedro confiesa el descalabro. Buena lección.

Echar las redes

Tuvo que costarle a Pedro echar las redes: ¡Como si él no supiera lo que hay que hacer para pescar! Pues…, no lo sabía. Y tuvo la humildad de obedecer. Y esta vez obtuvo una pesca suculenta. Seguramente se frotaría los ojos y se diría: “si no lo veo, no lo creo”. Pero era verdad. Aquellas redes vacías se llenaron de peces. ¿Qué había pasado? Que ahora estaba con ellos Jesús resucitado: “¡Es el Señor”, le susurra Juan a Pedro. ¿No sucederá algo parecido cuando la Iglesia, quienes la componemos en la tierra (o en el mar), echamos redes sin la presencia del Resucitado? ¿Y perderemos la alegría de echarlas porque el Señor resucitado nos invite a echarlas?

Y todo terminó en banquete

Un banquete con los “peces” pescados. Y Jesús en medio. Y animando a que coman…

Es nuestra eucaristía: en comunidad comemos y bebemos el sentido de nuestra vida de resucitados.

Para la semana: en el mar doméstico, parroquial, civil, etc. ¿vamos, obedientes y esperanzados, acompañados de Jesús resucitado? Él es quien se hace encontradizo, de mil maneras, y nos invita a echar las redes en su nombre. ¡Aún quedan peces que picarán!