SEMANA SANTA, SEMANA LLENA La Semana Santa comienza

Ex 12, 1-14. 21-28

1 Cor 11, 23-33

Luc 22,7-20

La Semana santa comienza con el Domingo de ramos. Y el núcleo central dentro de la Semana santa y punto culminante de todo el año litúrgico es el Triduo santo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor, que comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor (Jueves santo), tiene su punto en la Vigilia Pascual y termina con las Vísperas del Domingo de Resurrección. Es una semana llena.

En la iglesia y en la calle

Todo esto tiene lugar en el recinto de la iglesia. Fuera de ella, pero íntimamente unida a ella, el pueblo cristiano, incluso mucho pueblo no cristiano pero amante de sus tradiciones y recuerdos pueblan las calles con los conocidos “Pasos”. La tradición, la devoción, el arte, la cultura y la curiosidad dan lugar a ríos de personas comparables a cualquier expresión cívica de los pueblos. Y, muy generalmente, son fuente de experiencias notables de valores religiosos. No debemos olvidar esta expresión de religiosidad en tiempos en que mueren otras expresiones religiosas y crece un laicismo, unas veces consciente y otras inconsciente, pero innegable.

Una mirada a los orígenes

Decimos que el tiempo todo lo cura. Y merece la pena saborear el pasado curado. Ello implica entrar en ese pasado, que en nuestro caso son las páginas de los evangelios –y otros libros sagrados- donde se narran los hechos que nosotros celebramos. La Semana santa es una buena ocasión para darle un repaso a la literatura sagrada. Parte de ese pasado lo escuchamos en las celebraciones dentro de la iglesia. Queda, no obstante, otra buena parte de esa literatura para saborearla a solas o en grupos minoritarios.

Desde nuestra cultura

Las “vacaciones” no son un obstáculo para reservar unas horas a esa lectura y meditación más inclusiva y actualizada, más interrogativa y comprometida con la vida cotidiana de cada uno y de las comunidades cristianas. Esto no debería quedar reservado para grupos “selectos” (palabra no adecuada), que los hay. Las llamadas Pascuas contemplativas son un buen escenario, aumentan, ciertamente son minoritarias, pero no son excluyentes de otras formas de acercamiento y vivencia de una experiencia que oxigena el ajetreo de la vida diaria.

Las mismas redes sociales, tan variadas y frecuentadas a lo largo de los días, ofrecen no poco material (no siempre del mismo valor, es comprensible que así sea) para que conecte y acompañe, en cualquier momento y lugar, con esa fina y profunda semilla religiosa que se resiste a morir. Semana santa es buen tiempo para despertar sueños.

Dialogue y resuelva

La relación especial de estos días con la Palabra de Dios, con las tradiciones que llevan años de presencia en nuestras vidas, los cambios culturales y religiosos, las oportunidades y necesidades de una vida real, etc. esperan de nosotros, de cada persona y cada comunidad, un diálogo sincero que cuestione nuestras apatías  y ofrezca compromisos de vida nueva, resucitada y triunfadora de tantas tragedias.

Para la semana: Que tu presencia en la iglesia y en la calle despierte el sentido cristiano que todos llevamos dentro.