“DE LO QUE REBOSA EL CORAZÓN HABLA LA BOCA” La convivencia es suerte y tarea.

Eclo 27, 4-7

1 Cor 15,54-58

Lc 639-45

 

La convivencia es suerte y tarea. La soledad es necesaria, pero no es negación de la convivencia. Más bien es vivencia interior y preparación para vivencia exterior de convivencia. La persona es animal social y tiende espontáneamente a compartir el vivir en común, según diversas formas de vida comunitaria y social.

Iguales y distintos

En la sociedad, todos somos iguales, pero no idénticos, somos iguales pero a la vez distintos. Y esto es positivo. El pueblo sabe expresarlo así: “en la variedad está el gusto”. El respeto a la igualdad y a la diversidad es necesario y no es fácil. Lo importante y lo bueno no suele ser sencillo: con frecuencia es complejo y cuesta reconocerlo, vivirlo y perfeccionarlo en la vida concreta. Pero merece la pena no sólo intentarlo, sino también afrontarlo con decisión y confianza.

La pasión del dominio

La tendencia a “dominar” a los demás es una tentación clásica, de siempre. Amar y ejercer el poder, por más que se disimule lo contrario, atrae y arrastra a la mayoría de las personas. Muchas veces se hace disimulándolo con motivos serviciales. Seguramente que en la conciencia de algunos –o muchos dominadores- prevalece sinceramente el deseo de servir a la comunidad, ser en ella guías generosos y luminosos de quienes piden luz. Pero se necesita un verdadero discernimiento para no dejarse vencer por la tentación del dominio so pretexto de servicio.

La necesidad de guías expertos

San Juan de la Cruz, excelente guía a la vez que sabio, escribió estas dos sentencias que se complementan:

1ª. “El que de sí propio se fía, peor es que el demonio”. Aquí se afirma la necesidad que tenemos de abrirnos a los consejos de otros. Acudir y escuchar a otro es una actitud humilde, sensata y correcta, que ayuda a acertar en las muchas situaciones de incertidumbre en las que vivimos.

2ª. “Miren lo que hacen y en cuyas manos [= en manos de quién] se ponen, porque no vuelvan atrás”. Acertar con un buen consejero tampoco es fácil. Una cosa es dejarse aconsejar, buscar y pedir consejo y otra muy distinta ponerse en manos de “cualquiera”. Hay que hacer lo posible por preguntar, compartir y aconsejarse con personas (hombres o mujeres) que dan garantías.

La sanación del corazón

Un buen corazón (sencillo, generoso, cultivado y sincero) es el mejor consejero. El corazón es la sede de los sentimientos, que todo lo mueve: “Del corazón sale todo”, dice el evangelio (Mt 15,19ss). De ahí la necesidad de buscar un corazón sano y escucharlo. Un corazón “ciego” no es buen consejero. Las últimas palabras del evangelio de hoy son especialmente importantes: “De lo que rebosa el corazón, habla la boca”.

Para la semana: saneemos los sentimientos del corazón y de ahí saldrá la palabra, el consejo, etc. acertado. Y también la escucha y acogida de un buen consejo.