“OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES” Jesús se rodeó muy pronto

Is. 6, 1-2a. 3-8

1 Cor 15, 1-11

Lc 5, 1-11

Jesús se rodeó muy pronto de unas cuantas personas, con nombre y apellido (Mt 10,2-4).

Hoy el evangelio proclamado en la liturgia, y tomado del evangelista Lucas, escenifica esa llamada en un contexto de pescadores. Generalmente se titula esta página “la pesca milagrosa”, lo cual da un tono de generosidad a la acción de los pescadores, gracias a la acción de Jesús. Así será con quienes siguiendo sus pasos, de una u otra manera, predican el Evangelio.

La gente se agolpaba para escuchar la Palabra

Jesús, que se mantiene durante sus primeros treinta años en el silencio de Nazareth, a partir de ahí se comunica con la gente a través de la palabra. Seguramente entre los oyentes no todos llevaban las mismas intenciones ni ponían la misma atención a lo que decía Jesús. Pero no se puede negar que hubo un amplio movimiento de la base que vio en Jesús un predicador novedoso, que sintonizaba con las necesidades y deseos del pueblo. ¿Que hubo reticentes, espías, etc.? Claro que los hubo, los escribas y fariseos, por ejemplo.

Enseñaba desde la barca

Cualquier lugar es bueno para predicar el Evangelio. Jesús estaba “a la orilla del lago” y la barca de Simón se convirtió en su “cátedra”. Ni Jesús tuvo dificultad en subirse a la barca ni los predicadores deberán tener miedo en subir a otras “barcas” para su predicación, enseñanza, trato, ministerio. Cada situación tiene su “cátedra”. Los medios actuales de comunicación son muy variados y  pueden y deben ser utilizados en la “pesca”.

“Una pesca mejor”

A veces la pesca es escasa. Seguramente a veces no se pesca nada. Pescar es tan difícil como cualquier otra actividad. Pedro y sus compañeros tuvieron un día feliz: después de la escasez vino la abundancia. Jesús quiso con ello preparar a Pedro para otra “pesca mejor” y asegurarle que su trabajo tendría éxito, merecería la pena entrar en nuevos caladeros que él ni siquiera sospechaba. La euforia no siempre es buena; lo es menos el pesimismo. Jesús garantiza que merece la pena echar las redes en el mar de la vida.

“Os haré pescadores de hombres”

Evidentemente Jesús juega con el lenguaje de pescadores. Las palabras de Jesús son claras y Pedro las entiende. Jesús le habla en su lenguaje y le cambia el chip: los peces que desde ahora le esperan son las multitudes que a veces se resistirán, pero el pescador tiene la seguridad de que los “caladeros”, ahora de hombres, siguen esperando y deseando que alguien eche las redes. Y tendrá buena pesca.

Para la semana: Somos oyentes de quienes nos hablan y  portadores de la amplia palabra evangélica, la pesca mejor.