REVIVIR LA PASCUA DE RESURRECCIÓN La celebración de la Vigilia pascual

La celebración de la Vigilia pascual (se celebre a media noche o se celebre a últimas horas de la tarde del Sábado) es la celebración más importante de todo el año cristiano. El canto del hermoso Pregón pascual (“Alégrense por fin los coros de los ángeles…”) resuena como conclusión festiva de algo que se esperó durante siglos en la historia y que sigue siendo celebrado a partir de la madrugada en que unas mujeres dieron la noticia de la “desaparición” (resurrección) del Jesús crucificado.

Días de decepción

Jesús, que habló muy claro al menos tres veces de que le iban a matar después de sufrir una trágica persecución, habló también muy claro de que la cosa no acababa en muerte, sino en resurrección. No todos creyeron que realmente iba a resucitar. Era algo muy “extraño” y ni entonces ni después (por ejemplo, años después, en el areópago de Atenas, donde los filósofos se convirtieron en burlones a causa de la predicación de Pablo, que afirmaba la resurrección de Jesús) sonaba siquiera como una posibilidad. Sencillamente les parecía a todos una quimera, y, de hecho, nadie le daba importancia a la noticia de las mujeres. Era una salida de tono, incluso entre los suyos. Los apóstoles habían empezado ya a volver a las barcas que habían dejado en Galilea. Cabeza gacha, se sentían defraudados. No tenían nada que hacer en Jerusalén ahora que les faltaba “el Maestro”, de quien tanto habían esperado y presumido..

La sorpresa: “Pues… era verdad”

Aquellos pescadores cambiaron sus rostros cuando unos de los suyos les anunciaron lo mismo que las mujeres. Jesús no tardó en cambiar de mensajeros, para que todos pudieran creer. Y “el mismo día” de la resurrección se les hizo presente a los dos discípulos que iban camino de Emaús, no sé si ya también ellos escapados. Y allí, y durante otra cena, Jesús les desconcertó. No hubo fiesta, pero hubo alegría, desconcierto y ganas de rehacer el camino volviéndose a Jerusalén a comunicar alegres la gran sorpresa, una sorpresa porque  oyeron confirmada su sorpresa. Los que se habían quedado en Jerusalén les recibieron con la noticia que ellos mismos traían: “¡Pues es verdad! Ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34).

Un cambio de vida

Y cambiaron su vida. Tendrían que pasar unos días. Casi como para reponerse del “susto” recordaron que el mismo Jesús les había hablado de la pasión que iba a sufrir en Jerusalén. Pero también les había dicho que iba a resucitar. Ellos, que entonces no habían dado importancia a esta última parte del mensaje cayeron en la cuenta de lo que les había dicho: ¡¡Resucitaré!! al respecto). Y ya no se acordaron de los proyectos que habían hecho de ver quién iba a ser el primero de todos. La Resurrección allanó muchos pensamientos y el sentido de subida haciendo de todos ellos verdaderos hermanos. La fraternidad es el fruto de la Resurrección

Para la semana: Merece la pena revivir la experiencia de los primeros cristianos, hombres y mujeres.